Contra el cáncer, no hay ni alimentos ni dietas milagro

El cáncer sigue constituyendo una de las principales causas de morbi-mortalidad del mundo, con aproximadamente 14 millones de casos nuevos en el año 2012, según los últimos datos disponibles a nivel mundial. Las estimaciones poblacionales indican que el número de casos nuevos aumentará en las dos próximas décadas a 22 millones de casos nuevos al año.


En España, según datos de REDECAN,  el número total de nuevos casos de cáncer en 2015 fue de 247.771 (148.827 en varones y 98.944 en mujeres), superando así los casos previstos para 2020. Un crecimiento más rápido que se debe al incremento y envejecimiento de la población y al diagnóstico precoz, pero también a la práctica de unos hábitos de vida poco saludables. Por ello, la población a veces se escuda en mitos que prometen prevenir e incluso curar la enfermedad de una forma rápida y sencilla con poco esfuerzo.

 


Cartílago de tiburón, veneno de escorpión, suplementos con betacarotenos, té verde, remolacha, limones, ajo, frutos rojos y semillas de lino, junto a dietas como la macrobiótica o la cetogénica, son algunos de los mitos que en los últimos años se han postulado como remedios para prevenir y ayudar en la curación del cáncer.

Tanto es así que la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM),  preocupada por el impacto que pueden tener las pseudociencias, sustancias, terapias y los productos milagro en los pacientes con cáncer, ha advertido de sus riesgos y subrayado que para considerar que cualquier estrategia de tratamiento sea eficaz, debe pasar unas etapas de desarrollo que establecen las evidencias científicas, tanto de eficacia como de seguridad, y calidad de vida, necesarias e imprescindibles para su uso en la práctica clínica.

Por ejemplo, que recientemente investigadores españoles hayan asociado compuestos del calabacín amarillo con la muerte de células tumorales no quiere decir que por el hecho de consumir este tipo de hortaliza un paciente se vaya a curar de un cáncer. Son líneas de estudio abiertas que los expertos podrán utilizar en su afán por derrotar a la enfermedad, pero nada más. “Hoy por hoy, no hay evidencia científica de alimentos ni dietas milagro”, afirma el Dr. Pedro Aramburo, jefe del Servicio de Oncología Médica del Instituto de Técnicas Avanzadas Contra el Cáncer (iTAcC).

Dieta Mediterránea

“A la vista de los conocimientos actuales, un tumor no se puede curar solo con  la ingesta de algún o algunos alimentos. La dieta que se debe seguir, no solo los enfermos oncológicos, sino las personas sanas, es una dieta variada, equilibrada, sin excesos y saludable.  Esto se traduce en que podemos ingerir cualquier clase de alimento, aunque siempre de forma moderada”, añade el experto.

La llamada Dieta Mediterránea, por ejemplo, es en opinión del Dr. Aramburo un “excelente” medio de alimentarse, ya que, entre otros productos, incluye frutas, legumbres y vegetales, ricos en fibra, aceite de oliva como grasa saludable, y limita las carnes procesadas, los dulces, las bebidas azucaradas...

Y es que si bien no hay que prescindir de ningún alimento, salvo que un médico así lo indique, los hay que conviene limitar, sobre todo, aquellos ricos en grasas saturadas y azúcares, cuyo exceso puede provocar enfermedades cardiovasculares,  diabetes, obesidad, etc. El consumo excesivo de grasas de origen animal guarda una relación directa con algunos tipos de cáncer como el de esófago, colorrectalmamaendometrio y riñón.

Vitamina D

Otro de los mitos que giran en torno al cáncer es que un déficit de vitamina D puede incrementar el riesgo de padecerlo. Si bien es cierto que hay muchos estudios que intentan determinar la relación entre esta vitamina y el cáncer, “no hay suficiente evidencia de que interfiera con alteraciones inmunológicas, vasculares o metabólicas”, tal y como señala el Dr. Aramburo. Eso sí, es importante controlar este déficit de vitamina D, ya que produce alteraciones en la absorción de calcio y fósforo, lo que se traduce en una disminución de la mineralización ósea y en hiperparatiroidismo secundario, que entre otros efectos pueden ocasionar fracturas óseas e inflamación articular.

Prevención

Sin fórmulas mágicas, hay que ser conscientes de que la mejor prevención contra el cáncer  y contra muchas otras enfermedades es llevar una vida sana. “Practicar ejercicio de forma razonable, evitar tóxicos como el tabaco y el alcohol, mantener el peso correcto, y alimentarse  como hemos visto de forma variada, incluyendo la ingesta de frutas,  vegetales, legumbres y grasas saludables”, aconseja el Dr. Aramburo, que insiste en la necesidad de “excluir” de nuestra vida factores asociados a determinados tipos de cáncer, como el tabaco (pulmón, vejiga, vías aéreas), alta ingesta de calcio (próstata), alcohol (colon, mama, hígado), entre otros.

La adopción de hábitos de vida saludables,  además de reducir el riesgo de determinados tumores, lo hace también en enfermedades cardiovasculares. La dieta rica en fruta y hortalizas (600g diarios en adultos y 480g en  niños, según la recomendación de la OMS) puede protegernos frente a muchos tipos de cáncer y reducir un 5% el riesgo de sufrir un tumor digestivo.

 

Además, el experto aboga por someterse a screening validados por la sociedad científica que pueden detectar la enfermedad precozmente.