El tabaco es el principal factor de riesgo del cáncer de pulmón, implicado en el 90 por ciento de los casos de estos tumores, pero también es un factor de riesgo o está asociado con muchos otros tipos de cánceres, además de influir en la progresión de los tumores, el tratamiento o la calidad de vida de los pacientes oncológicos.

Con motivo del Día Mundial Sin Tabaco, que se celebra el 31 de mayo, planteamos diez razones por las que se debe abandonar este hábito.

  1. Está relacionado con una veintena de tumores. El tabaquismo activo es la causa más importante de cáncer de pulmón, en el que también influye la exposición pasiva al humo de tabaco, pero se también ha encontrado vinculación del hábito de fumar con tumores de:

Colon y recto: el tabaco es un factor de riesgo para estos tumores cuando se fuman más de 35 paquetes al año.
Cuello uterino: se ha descrito un incremento del riesgo asociado al consumo de tabaco en algunos casos de tumores de células escamosas.
Ovarios: fumar se asocia con incremento del riesgo de determinados subtipos de cáncer de ovario.
Páncreas: es un cáncer que se desarrolla con más frecuencia en fumadores.
Riñón: se ha encontrado una relación del tabaco con este tipo de tumores.
Cabeza y cuello: entre los factores de riesgo más importantes está el consumo de tabaco.
Esófago, estómago, boca, tráquea, laringe, faringe, hígado, vejiga, leucemia mieloide, sangre, nariz, labios, mama y próstata: el tabaco eleva el riesgo de tumores en todos ellos.

2. Debilita el sistema inmune. Fumar hace que el sistema de defensa de nuestro cuerpo sea menos efectivo, de manera que si surgen células cancerosas, éstas son más difíciles de erradicar y, por tanto, es más probable que se diseminen por el cuerpo.

3. Altera las células. El ADN celular se ve afectado por el tabaco, por lo que posibilita el crecimiento descontrolado de las células y la formación de tumores.

4. Dejar de fumar, beneficioso para el tratamiento. Abandonar el hábito de fumar tabaco durante el tratamiento oncológico eleva la supervivencia del paciente, según han mostrado numerosas investigaciones. Además, el tabaco reduce la efectividad de la radioterapia y aumenta sus efectos secundarios. En el caso de la quimioterapia, también se han detectado más efectos adversos en los fumadores, como una disminución del sistema inmune y más riesgo de infección. En cuanto a la cirugía, fumar aumenta el riesgo de complicaciones, problemas de cicatrización e infección de la herida.

5. Reducir las posibilidades de metástasis. Dejar el tabaco también se ha vinculado con una reducción de la recurrencia del cáncer, de desarrollar cánceres secundarios e, incluso, del riesgo de metástasis.

6. Proteger a los que te rodean. Se estima que el 5 % de los cánceres de pulmón se desarrollan en personas que no fuman pero que están expuestas al humo del tabaco. Dejar de de fumar es bueno para uno mismo, pero también para los familiares y amigos. Se calcula que ser fumador pasivo, es decir, inhalar el humo del tabaco por vivir con un fumador, eleva el riesgo de cáncer de pulmón un 20 % en las mujeres y un 30 % en los hombres, entre otros trastornos de salud. En el caso de los niños, la exposición al también llamado humo de segunda mano puede hacer que nazcan con bajo peso o elevar el riesgo de síndorme de muerte súbita del lactante, infecciones de oídos, neumonía, bronquitis o resfriados, por ejemplo.

7. Cuanto antes se deje de fumar, mejor. Numerosas estudios señalan que el riesgo de desarrollar un tumor disminuye a medida que aumenta el tiempo de abstinencia. De las investigaciones se deriva que:

  • Hasta cinco años después de dejar el tabaco no se reduce el riesgo de sufrir cáncer de boca, vejiga, esófago y garganta. También hace falta este tiempo para que las probabilidades de que una mujer desarrolle cáncer de cuello uterino se sitúen al nivel de una mujer no fumadora.
  • Para que el riesgo de padecer un cáncer de pulmón disminuya a entre el 30 y el 50 %, deben pasar diez años sin fumar ni un solo cigarrillo.
  • Abandonar el hábito antes de los 40 años reduce un 90 % el riesgo de morir por una enfermedad vinculada por el tabaco. El Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos calcula que dejar de fumar antes de los 50 años reduce a la mitad el riesgo de morir en los siguientes 15 años frente a quienes continúan con el hábito.

8. Posee componentes dañinos. El humo del tabaco contiene más de 7.000 sutancias químicas, de las cuales, se ha demostrado que unas 250 resultan dañinas y que unas 69 pueden provocar cáncer, según datos del Instituto Nacional del Cáncer estadounidense.

9. No hay tabaco inocuo. El humo de los cigarrillos, los puros y la pipa es perjudicial y dañino por contener nicotina y componentes que elevan el riesgo de cáncer. También hay investigaciones que sugieren que el tabaco sin humo (tabaco para mascar o pipas de agua, entre otros productos) provocan cáncer.

10. Reducir las muertes por cáncer. Se estima que si ninguna persona fumara, se podrían evitar una de cada tres muertes.